Black Sails XIX (3×01)

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A estas alturas seguro que casi todos conocéis la serie Black Sails, creada por Robert Levine y Jonatha E. Steinberg. En cualquier caso, ya que no la hemos seguido desde su inicio sí es conveniente hacer un pequeño repaso. Para entender bien donde se desarrolla la serie hay que tener en cuenta dos elementos, uno totalmente ficticio y otro a medio camino entre la historia y la leyenda. El primero de ellos es La isla del tesoro, novela del escritor británico del siglo XIX Robert Louis Stevenson, pues aspira a ser su precuela, contando la historia del Capitán Flint y John Silver previa a la vida de Jim Hawkins. En segundo lugar, el argumento se desarrolla en torno la ciudad pirata de Nassau, Nueva Providencia, a principios del siglo XVIII. De ésta tenemos testimonios muy próximos a la novela, aunque busquen acercarse a la crónica histórica, como Los bucaneros de América de Alexandre O. Exquemelin, o Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos pirtas, atribuida al Capitán Johnson, gracias a las cuales se “conoce” la vida de muchos ilustres piratas presentes en la serie. En cualquier caso, si no habéis seguido la serie, el repaso inicial que se hace a principio de esta temporada os servirá para incorporaros sin problemas.

El estilo artístico de la cabecera es espectacular.

En las anteriores temporadas podemos ver como se presenta una suerte de “República pirata” en la que piratas y contrabandistas conviven aprovechando las influencias de ciertos agentes de poder – en este caso Eleanor Guthrie – para introducir sus materiales en el mercado legal. Se han tratado de esbozar las lógicas asamblearias y los roles de cada uno de los personajes y cargos que puede haber en una embarcación, así como presentar ciertas técnicas de medición de las velocidades en una nave en marcha o las reparaciones del casco, si bien se pasa bastante por encima de estos aspectos, en ocasiones presentándolos de forma excesivamente simplificada.

Nassau, isla de Nueva Providencia.
Nassau, isla de Nueva Providencia.

Observamos maniobras que nunca existieron al compás de órdenes absurdas, velas gualdrapeando cuando se supone que impulsan al barco – y no es porque no se haya cazado mal una escota, es que todo el velamen gualdrapea –, barcos navegando con el pabellón enastado ad eternum, persecuciones en las que no se emplean cañones de caza, capitanes que exponen deliberadamente la popa ante una andanada… Digamos que la intención era buena. Mención especial merece la imagen en la que Jack Rackham está haciendo aguas mayores tranquilamente en un retrete mientras lee el periódico.

¡Ojo al rizo!
¡Ojo al rizo!

Por otro lado, se han presentado piratas de enorme fama, como Charles Vane, capitán del Ranger, Jack Rackham o Anne Bonnie. También algunos cuya “lealtad” a la bandera negra cambió en función de las posibilidades de ejercer como corsario, como Benjamin Hornigold. Eso sí, todos ellos con un buen maquillaje de romanticismo. Sin embargo, esta nueva temporada introduce en su primera escena a quien quizás sea el máximo exponente de la piratería caribeña, el capitán Edward Teach, más conocido como Barbanegra. Se trata de un personaje carismático, teatral y sobre todo temible, lo que parece situarle en una posición muy similar al Teach histórico, aunque aparentemente suavizado y adecuado al medio televisivo.

Blacksails-blackbeard
Edward “Barbanegra” Teach, encarnado por Ray Stevenson, armado con tres pares de pistolas, una en la mano y el resto enfundadas en el pecho, tal y como lo describe Johnson.

Hasta el momento se podía pensar que su rol en la historia de Black Sails estaba siendo ocupado en parte por el novelesco Flint, por varios motivos. En primer lugar, ambos parecían tener un especial interés en el fortalecimiento de Nassau como bastión pirata, al menos durante periodos de su vida. En segundo lugar, por ser el personaje más temido y respetado, tanto por sus aliados, como por sus enemigos, aterrorizados por la sola presencia de su enseña. Y en tercer lugar, por la propia enseña. Si bien la de Barbanegra se presume un esqueleto sosteniendo un reloj de arena y portando una lanza – en representación de La Muerte –, la de Flint es sospechosamente similar, pues simplemente cambia la lanza por una espada. En cualquier caso, desde este capítulo, con los dos en plantalla aunque sin llegar a coincidir por el momento, veremos qué papel juega cada uno y como se redistribuyen los poderes en la arena política. ¿Serán aliados? ¿Serán rivales? Quizás ambas cosas o ninguna de ellas.

La bandera de Flint. ¿Le denunciaría Barbanegra a la SGAE por infracción del copyright? ¿Entrarían en un absurdo legal por ser ambos piratas?

Dado que aspiramos a no destripar elementos de la trama, es difícil entrar en muchos detalles, pero sí se pueden comentar algunos aspectos que pueden resultar interesantes desde el punto de vista social, histórico o militar. La evolución de la relación entre Silver, ahora intendente, y Flint, nos permite acercarnos a las complejidades de la vida a bordo de un barco pirata en el Caribe. Si bien el capitán gobernaba el barco, muchas veces debía responder ante el intendente por ser este el representante del resto de tripulantes y la organización una suerte de democracia electiva.

Flint comenta con correción política su opinión sobre los sistemas de poder internos.
Flint comenta con correción política su opinión sobre los sistemas de poder internos.

También podemos apreciar, en la figura de Hornigold, cómo fueron variando las posturas de algunas autoridades con respecto a los piratas, pues su uso como corsarios, y en este caso cazadores de piratas, podría dar ventaja a unas potencias respecto a otras; de modo que se ofrecían indultos a tripulaciones completas con tal de obtener sus servicios. Esta misma carrera por la hegemonía marítima americana entre las monarquías europeas se puede ver también en las tensiones que suponen para los piratas la residencia en una isla inglesa y el robo del oro español, agravios que parecen requerir de una respuesta contundente de ambas coronas, si bien las respuestas estrictamente históricas siempre fueron más defensivas que ofensivas. Séase el sistema de flotas de la Monarquía Hispánica.

El Walrus.
El Walrus.

En cualquier caso, en los próximos episodios veremos cómo relacionan las tramas novelescas con los elementos históricos. Permaneced atentos.

 Por Carlos Moral García y Alberto Hoces-García.

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