De 1937 al final de la guerra. Guerra Civil Española (III)

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Como dejamos dicho en el anterior artículo, la actividad de la flota republicana en la primavera de 1937 tuvo consecuencias internacionales negativas. El hecho de que los aviones rusos, además, confundieran al Deutschland con el crucero Canarias supuso que los alemanes bombardearan Almería y abandonasen definitivamente, junto a los italianos, la participación en la patrulla de control del Comité de No Intervención. Esto permitió a Franco solicitar nueva ayuda a los italianos, logrando el bloqueo de los pasos en torno a Sicilia y pudiendo efectuar raids de gran éxito con sus cruceros auxiliares. El apoyo directo italiano se retiraría a raíz de la Conferencia de Nyon (a la que, sin embargo, no acudieron ni Alemania ni Italia). Poco antes de la Conferencia, el día 7, se había producido un gran encuentro naval en el que la dirección de tiro del crucero Baleares quedó inutilizada por un disparo del Libertad, habiendo sido el crucero nacional el agresor, saliendo a interceptar un convoy de armamento. La Conferencia de Nyon obligaría a los franquistas a extremar el uso de sus propios barcos al haberse eliminado la posibilidad de una ayuda italiana (aquí una explicación sobre la Conferencia). Además, su capacidad efectiva de bloqueo se vería perjudicada por la prohibición añadida de que los barcos de bandera no española sólo podrían ser atacados estando en puerto republicano.

A pesar de lo dicho los franquistas fueron protagonistas de algunos incidentes que provocaron gran revuelo (es el caso del Jean Weems, que llevaba a bordo a un observador inglés) e, incluso, decretarían un “bloqueo riguroso” en diciembre de 1937, procediendo desde entonces los nacionales al bombardeo de poblaciones costeras por medio de su explotada flota de cruceros, ya enteramente en el Mediterráneo tras cerrarse el frente del cantábrico. Para aliviar la carga que pesaba sobre sus barcos, los sublevados compraron a los italianos, tras duras negociaciones, 2 destructores y 2 contratorpederos que, sin embargo, fueron considerados como chatarra por el Estado Mayor de la Armada. En realidad, esta compra aunque útil no era suficiente. Iba destinada a descargar de trabajo a los cruceros nacionales, que además del bloqueo estaban inmersos en labores de escolta de escasa importancia normalmente delegadas en los destructores (la verdad es que en este sentido fueron más útiles los cruceros auxiliares que navegaron por el Egeo y los Dardanelos). En cualquier caso, el 6 de marzo de 1938 los cruceros nacionales se encontraban escoltando a un convoy de importancia desde Palma al Estrecho. Y coincidió este hecho con un plan de ataque de los republicanos a la base balear. La mayor de las casualidades fue que el encuentro ni siquiera se produjo junto a la isla, sino que se produjo ya en plena mar. Tras dos intensos choques entre los buques de guerra de ambos contendientes, el Baleares fue hundido por torpedos del destructor republicano Sánchez Barcáiztegui. El hundimiento del crucero nacional en la batalla conocida como de Cabo de Palos supuso una dura derrota, de la que la flota nacional sólo se recuperaría gracias a la paradójica inacción republicana posterior a esta victoria y mediante el uso de la aviación.

Crucero Baleares
Cartel de una película sobre el hundimiento del Baleares, nunca estrenada. Fuente: http://www.filmaffinity.com/es/film695567.html

 

La inacción republicana (que resulta tan extraña a la vista de la nueva situación relativa de las dos flotas) permitió a la flota nacional apoyar las operaciones terrestres en Levante, escoltando a los transportes con suministros. Esto, sobre todo, fue importante para que los franquistas aguantaran la ofensiva republicana del Ebro y poder, además, contraatacar, en lo que se conoce como batalla del Ebro. El apoyo de la flota, como decimos, fue muy útil a los intereses franquistas por permitir un suministro mucho más sencillo que por vía terrestre.

Para explicar lo de la batalla del Ebro: España en abril de 1938. Fuente: http://centros1.pntic.mec.es/ies.maria.moliner3/guerra/mapas.htm
Para explicar lo de la batalla del Ebro: España en abril de 1938. Fuente: http://centros1.pntic.mec.es/ies.maria.moliner3/guerra/mapas.htm

Los republicanos, tras la derrota del Ebro, no tiraron la toalla. Rojo y Negrín readaptaron el Plan P. El plan buscaba distraer tropas franquistas del Frente de Cataluña hacia Andalucía, y también intentar cortar el territorio franquista por Extremadura (este artículo lo cuenta a las mil maravillas). La falta de coordinación entre la flota y el Ejército Popular impidieron que el plan, llevado a cabo en diciembre de 1938, pudiera tener un mínimo éxito. De aquí en adelante la flota republicana desaparecería completamente. Es más, en febrero de 1939 fue un capitán de navío quien negoció la rendición de Menorca (perdida Barcelona era inútil que la isla resistiese), y ese mismo mes el almirante Buiza amenazó con la defección de la Flota si no se negociaba una paz. La amenaza, claro, supuso su destitución. Aprovechando la situación de inestabilidad, la quinta columna de Cartagena empezó una sublevación en la base encabezada precisamente por el Estado Mayor de la propia base. Franco, intentando apoyar la sublevación, envió tropas por vía marítima, pero todos los transportes debieron dar la media vuelta al recuperar los republicanos las posiciones en las baterías de costa. Es precisamente durante la sublevación de la base que la flota republicana sale de puerto y acude a Argelia, de donde no saldrá hasta ser recogida por Franco al terminar la guerra. La deserción de la flota implicará, también, que la evacuación de los puertos republicanos sea una misión imposible.

Hasta aquí hemos visto los aspectos estrictamente militares de nuestra guerra civil en el mar. El recorrido nos ha llevado a ver cómo, desde una posición de aparente superioridad republicana, la situación pasó a ser la de una evidente superioridad de los sublevados. Una superioridad que, digámoslo, no estaba tanto en la superioridad de la flota (insisto: hundimiento del Baleares en combate frontal) como en la superioridad geoestratégica. Además, y esto es importante, los sublevados utilizaron su flota de la forma más adecuada para la gestión de su guerra terrestre: dominio del Estrecho, lo primero, control del Cantábrico, después, y, como último punto, el control del Mediterráneo. En los próximos artículos vamos a ir añadiendo matices a todo esto. Espero, sinceramente, que estos matices ayuden a clarificar las cosas y no a enrevesarlas.

José Manuel Moreno-Aurioles Cabezón.

BIBLIOGRAFÍA

ALPERT, Michael, La guerra civil española en el mar, Barcelona: Crítica, 2007.

CAMPO RIZO, José Miguel, “El Mediterráneo: campo de batalla de la Guerra Civil española: la intervención naval italiana. Una primera aproximación documental”, Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 19, 1997, pp. 55-88.

El acorazado Bismarck, “Buques de la Guerra Civil Española (1936-1939). http://www.kbismarck.com/mgl/buques.htm (Consultado el 04-05-2015).

PUELL, Fernando y HUERTA, Justo A., Atlas de la Guerra Civil española, Editorial Síntesis, Madrid, 2007.

PEÑALVA, Jorge, “Combate del Cabo de Palos (6 de marzo de 1938): El hundimiento del crucero Baleares”, en http://www.revistanaval.com/www-alojados/armada/batallas/palos.htm . Consultado por última vez el 15/06/2015

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