La Guerra Civil Española (I): la fractura de la marina.

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El 17 de julio se producía en Marruecos la sublevación de una parte considerable de la tropa y la práctica totalidad de la oficialidad del Ejército español. Al día siguiente, el golpe de Estado se extendía a otras partes del territorio español que no triunfando tampoco fracasó, dando lugar a una guerra civil. Dada la geografía española, el devenir de la guerra dependería en buena medida del control del mar. El abastecimiento de la población, la adquisición de armamento y material de guerra por parte de los ejércitos y, claro está, el control de determinadas regiones costeras iban a verse afectadas por la situación del mar. Todos estos son temas que trataremos en los siguientes artículos, limitándonos ahora a tratar los primeros días del golpe y el reparto de fuerzas.

Motín en el acorazado Jaime I. Fuente: http://www.ascnaval.info

Ya antes del 18 de julio el general Mola era consciente de la importancia que tendría el mar en el golpe de Estado. En una directiva de 20 de junio pedía a los oficiales de la marina que lo apoyaran. Dando por perdidos los puertos del Mediterráneo de Cartagena y Mahón, creía que sí tendría el apoyo de las bases de El Ferrol y Cádiz, pidiendo a los oficiales de estos puertos que enviaran los barcos a su disposición a controlar el Estrecho de Gibraltar. Seguramente el militar preveía que sería necesario el traslado de las tropas marroquíes a la Península.

La República, siendo consciente de que se preparaba un golpe militar hizo gestiones encaminadas a minimizar el riesgo de sublevación. Así, el día 15 de julio José Giral envió a los destructores Almirante Ferrándiz, Churruca y Lepanto a los puertos de Barcelona, Cádiz y Almería. El Churruca se sumó al golpe a la altura de Algeciras el día 17, y el día después José Giral dio orden a los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes (amarrados en El Ferrol) y al acorazado Jaime I (en Vigo) de que acudieran a aguas del Estrecho. La intención, así como la de Mola era garantizar el paso de las tropas marroquíes hasta la Península, era evitar su paso. En este mismo sentido Giral había dado orden a los destructores Almirante Valdés, Sánchez Barcáiztegui y Lepanto de acercarse a Ceuta y cañonear la ciudad si los sublevados no se rendían. Pero los oficiales de los dos primeros navíos quisieron sumarse al golpe al pasar por la ciudad de Melilla. Cuando los marineros lograron tomar el control de los buques hubieron de dejar de lado la misión y regresar a Cartagena. Al mismo tiempo, el 21 de julio los republicanos recibieron una negativa por parte de los ingleses de fondear al Libertad, al Cervantes y al Jaime I en Tánger (lo que sucedió también ese mismo día en Gibraltar), quedando el puerto leal más cercano al Estrecho a unas 3 horas de travesía. Estos incidentes retrasaron el control del Estrecho por la flota republicana, posibilitando el traslado de las primeras pero escasas tropas marroquíes ese mismo 18 de julio, escoltadas por el cañonero Dato y por el destructor Churruca (al volver a pasar por el Estrecho, la tripulación del destructor se amotinó, volviendo al bando republicano). Intentaron los republicanos mantener el control mediante el envío al Estrecho de los submarinos C-1, C-3, C-4, C-6 y B-6, pero los oficiales se mostraban dubitativos cuando avistaba un navío enemigo. Es probable que simpatizaran como los sublevados, y así lo entendieron las dotaciones de los submarinos, que tomaron el control para volver a Málaga el día 20, dejando a un lado la misión.

Alzamiento
Fuente: http://www.regmurcia.com

Por resumir la situación, a 21 de julio ya se sabía en qué lado había quedado qué buque. En el bando sublevado quedaron el acorazado España, el crucero Almirante Cervera y el República (que estando en reparaciones no pudo zarpar hasta 1938), el destructor Velasco, los cañoneros Dato, Lauria, Canovas y Canalejas, así como cuatro torpederos y cinco guardacostas. Los republicanos, por su parte, contaban con el acorazado Jaime I, los cruceros Libertad, Miguel de Cervantes y Méndez Núñez, diez destructores, el cañonero Laya, cuatro guardacostas, siete torpederos y la flotilla de submarinos (doce en total). Ambos bandos tenían en sus bases navíos en construcción. Los sublevados dispondrían de los cruceros Baleares y Canarias, y de cuatro minadores; los republicanos tenían en construcción seis destructores más. Es decir, a efectos teóricos (número y calidad de los barcos) los republicanos estaban en clara situación de superioridad. Por el contrario, el devenir de la guerra en tierra firme así como la lucha diplomática favorecían, de momento, a los sublevados a la hora de controlar el Estrecho, punto estratégico de cara a la guerra que se avecinaba. Compensada una cosa con otra, la situación era de impasse.

Por José Manuel Moreno-Aurioles Cabezón.

BIBLIOGRAFÍA

ALPERT, Michael, “Gibraltar y la Guerra Civil española” en Studia histórica. Historia contemporánea, nº 3 (1985): pp. 91-101.

ALPERT, Michael, La Guerra Civil española en el mar, Barcelona: Editorial Crítica, 2008.

El acorazado Bismarck, “Buques de la Guerra Civil Española (1936-1939). http://www.kbismarck.com/mgl/buques.htm (Consultado el 04-05-2015)

PÉREZ CARMONA, Enrique, “La flota submarina Republicana Española al comienzo de la Guerra Civil (1936)” en Eúphoros, nº 7 (2004): pp. 49-62.

PUELL, Fernando y HUERTA, Justo A., Atlas de la Guerra Civil española, Madrid: Editorial Síntesis, 2007.

VIÑAS, Ángel, La Soledad de la República, Barcelona: Editorial Crítica, 2006.

 

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